En Grumbic hemos revisado varias mediciones de huella de carbono, y hay un error que se repite una y otra vez al medir las emisiones de los bienes de capital (Scope 3, Cat. 2): calcular las emisiones aplicando factores de emisión al valor libro de los activos. Un edificio comprado en 2021 que aparece en la huella de 2023 con su valor depreciado. Una flota de vehículos que "emite" menos cada año porque se va depreciando. Maquinaria que se arrastra período tras período hasta que su valor neto llega a cero.
El error es entendible, porque la misma norma usa la contabilidad financiera para definir qué es un bien de capital. Pero sigue siendo un error, y uno que distorsiona toda la medición. En este post explicamos qué dicen el GHG Protocol y la ISO 14064-1, por qué las emisiones no se deprecian, y cómo corregir la medición si la venías haciendo así.
Qué son los bienes de capital en una huella de carbono
Los bienes de capital son los activos que la empresa compra y usa por varios años: edificios, maquinaria, equipos, vehículos, instalaciones. La Categoría 2 de Scope 3 cubre las emisiones que se generaron al producirlos: extraer las materias primas, fabricar el activo y transportarlo hasta ti. Es lo que se conoce como emisiones cradle-to-gate (desde la extracción de materias primas hasta que el activo llega a tus manos).
¿Cómo saber si una compra va en Categoría 2 o en Categoría 1 (bienes y servicios adquiridos)? El GHG Protocol lo resuelve con una regla simple: sigue tu contabilidad. Si el ítem se capitaliza como activo fijo, es Categoría 2. Si se registra como gasto, es Categoría 1.
Y ahí está la trampa. Como la clasificación depende de la contabilidad, es fácil asumir que el cálculo también. No es así. La contabilidad decide dónde va el activo, no cómo se miden sus emisiones.
Lo que dice el GHG Protocol: todo en el año de compra, sin depreciar
El estándar de Scope 3 del GHG Protocol es explícito en este punto. En la sección 5.4 del Corporate Value Chain (Scope 3) Standard (y también en el capítulo 2 de la Technical Guidance) dice que las empresas no deben depreciar, descontar ni amortizar las emisiones de producción de los bienes de capital. El total de las emisiones cradle-to-gate se contabiliza en el año de compra, igual que cualquier otro producto de la Categoría 1.
La lógica es simple: las emisiones de fabricar un edificio o una máquina ocurrieron una sola vez, antes de que el activo llegara a tus manos. El activo puede perder valor en tus libros, pero esas emisiones ya están en la atmósfera y no se achican con la depreciación. Una medición de emisiones registra flujos físicos. La depreciación reparte un costo financiero en el tiempo. Son dos cosas distintas, y mezclarlas produce un número que no significa nada.
¿Y qué pasa si un año compras mucho y al siguiente nada? La Categoría 2 va a saltar de un año a otro, y eso está bien. La norma lo dice: en vez de suavizar la curva, hay que explicar en el reporte que ese año hubo una inversión grande o poco habitual. La volatilidad es parte de la huella, no un defecto que haya que arreglar amortizando.
Por qué el valor libro rompe además el método spend-based
La mayoría de las empresas calcula esta categoría con el método spend-based: gasto por factor de emisión económico (kgCO₂e por peso, dólar o euro gastado). Esos factores vienen de modelos insumo-producto como EXIOBASE o el USEEIO de la EPA, y tienen una definición precisa: emisiones por unidad de precio de compra, en una moneda y un año específicos. Por eso la guía pide ajustar el gasto por inflación y tipo de cambio antes de multiplicar.
Aplicar ese factor al valor libro falla por los dos lados. El valor libro no es un precio de compra: es una cifra contable que baja según la vida útil y el método de depreciación que se haya definido, y no tiene ninguna relación con las emisiones de fabricar el activo. Y tampoco corresponde al año de referencia del factor, así que ni ajustando por inflación se arregla el cálculo. El resultado es un número sin sentido físico, que además vuelve a contar cada año un activo que ya debió contabilizarse completo cuando se compró.
¿Y la ISO 14064-1? Un matiz importante
La ISO 14064-1:2018 clasifica distinto (seis categorías en vez de scopes) y trata los bienes de capital en el Anexo B, subcláusula B.5.2 b). Acá hay una diferencia real con el GHG Protocol: la ISO da dos opciones. Una, contabilizar el total de las emisiones de producción en el año de compra, igual que el GHG Protocol. Dos, amortizar ese total y reportarlo pro-rata durante el período de amortización.
O sea, bajo ISO sí se puede amortizar. Pero ojo con qué se amortiza: un total de emisiones que se calcula una sola vez, al comprar el activo, y después se reparte parejo en el tiempo. La norma nunca contempla recalcular las emisiones cada año sobre el valor contable vigente. Usar el valor libro no es la Opción 1 ni la Opción 2: no es un método válido bajo ninguno de los dos marcos.
Y en la práctica: si reportas bajo GHG Protocol, que es lo que piden CDP, SBTi y la mayoría de los marcos regulatorios, la opción de amortizar ni siquiera existe. La regla es una sola: todo en el año de compra.
Cómo se mide bien
El procedimiento correcto para la Categoría 2 es este:
- Parte del registro de activo fijo. Todo lo que se capitalizó en el año de reporte entra en la Categoría 2 de ese año. Los activos de años anteriores no vuelven a aparecer.
- Usa el mejor método disponible, en este orden: datos del proveedor (huella cradle-to-gate del producto), método híbrido, datos promedio por unidad física (por ejemplo, kgCO₂e por m² construido o por tonelada de maquinaria), y solo al final el método spend-based.
- Si usas spend-based, usa el precio de compra original (el capex del año de adquisición), ajustado a la moneda y año de referencia del factor. Nunca el valor neto en libros.
- Contabiliza el 100% en el año de compra y no vuelvas a incluir ese activo en años posteriores.
- Explica en el reporte si el año tuvo inversiones grandes que disparan la Categoría 2 respecto de años anteriores.
Tres casos particulares que conviene tener claros. Los activos arrendados no van acá sino a la Categoría 8 (activos arrendados upstream), salvo leasing financiero que te da la propiedad contable. Las mejoras capitalizables (un capex mayor sobre un activo existente) entran en Categoría 2 el año en que se capitalizan. Y una construcción que dura varios años se puede contabilizar a medida que se gasta o al año de puesta en servicio, siempre con el mismo criterio y dejándolo documentado.
¿Y si lo venía midiendo mal?
Corregir la metodología de bienes de capital es un cambio de método y una corrección de error, y eso activa la política de recálculo del año base del GHG Protocol. Si el impacto supera el umbral de significancia que definió tu empresa, hay que recalcular el año base y los años intermedios para que la serie siga siendo comparable, y documentar el cambio.
En la práctica son tres pasos: armar el registro de compras de activos por año con su costo original, recalcular la Categoría 2 de cada año asignando el 100% de las emisiones al año de compra, y sacar de la medición los activos arrastrados de años anteriores. El resultado suele ser una serie más volátil, con años de peaks de inversión y años casi en cero. Pero esa es, precisamente, la foto real.
Referencias: GHG Protocol, Corporate Value Chain (Scope 3) Accounting and Reporting Standard (WRI/WBCSD, 2011), sección 5.4. GHG Protocol, Technical Guidance for Calculating Scope 3 Emissions (v1.0, 2013), capítulo 2. ISO 14064-1:2018, cláusula 5.2.4 y Anexo B, B.5.1 y B.5.2 b).


